Campaña para dar el pecho en público

Desde que el pasado mes de noviembre fui madre y dar el pecho me costó lo que me costó, convirtiéndose en un verdadero triunfo para toda la vida, estoy especialmente sensibilizada con el tema y no dejo de leer, reflexionar y aprender sobre ello.

Hace aproximadamente un mes aterricé en un post titulado “Comer en el baño“, con esta impactante imagen.

 

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Se trata de una campaña realizada por los alumnos de diseño gráfico de la Universidad de North Texas, para defender una ley que protege el derecho de las mujeres a dar el pecho en público.

Personalmente, y por diversos motivos, he decidido dar el pecho en privado siempre que puedo, lo que no quita que, cuando por necesidades del guión necesito darlo en público, me gustaría no tener que sentirme avergonzada y tener tantos quebraderos de cabeza pensando dónde, cuándo y cómo.

Como casi siempre he dado el pecho en privado, no he tenido que enfrentarme a miradas, juicios ni reproches de desconocidos, pero sé que estos casos se dan porque conozco a mujeres que los han padecido. Y lo que sí he tenido que aguantar de mi entorno más cercano han sido comentarios que no ayudan, del tipo “parece que no tiene hambre”, “solo está jugando”, “igual es que ya no te sube la leche”…

Además de para no tener que escuchar estos comentarios, y principalmente porque los dos estamos más tranquilos y mi hijo come mejor, disfrutando de nuestro momento de amor en la intimidad, he decidido, como comentaba anteriormente, darle el pecho a solas siempre que puedo. Cuando me pilla fuera de casa, intento localizar la sala de lactancia. Si no recuerdo mal, he estado en cuatro:

– dos en centros comerciales, en Valencia y en Murcia, las mejores preparadas, amplias, con ubicaciones privadas para cada madre e hijo y lugares comunes, con cambiador, juguetes y microondas;

– la tercera, en el Oceanogràfic: amplia, también con cambiador, microondas y juguetes, pero sin espacio privado para cada madre. Lo más destacable es que es verdaderamente difícil de localizar, ya que está dentro del mostrador de información, con lo cual hay que solicitar permiso para entrar y “colarse” en el área de empleados.

– Y la última, en el Museo del Prado. También me costó localizarla. Está en el edificio nuevo, al final del pasillo, pasado el baño donde se encuentra el cambiador, lo cual puede inducir a error. Es una sala pequeña, blanca, con iluminación fría y un único banco incómodo, muy duro. Se agradece que haya sala de lactancia en el museo pero creo que la diseño alguien que nunca había dado el pecho.

Dado que seguimos estando en la Semana Mundial de la Lactancia, me sumo con este post al carnaval bloguero.


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